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Mis poemas tienen música


Tenía 12 años cuando acudí por primera vez a una clase de música; era el final del último año en la escuela, y la maestra nos llevó a toda la clase al centro cultural del barrio, para que el profesor de música nos ayudara a cantar los himnos patrios para el acto de fin de la escuela primaria.

Crecí con un padre músico empírico que tocaba varios instrumentos musicales y había música en casa todos los fines de semana, cuando nos visitaban familiares y amigos. A mis 7 años me aprendí algunas canciones que escuchaba en la radio, y un día le dije a mi papá: yo sé cantar; él contestó; a ver si es verdad; y sacó su cuatro (instrumento musical  típico de Venezuela).

Canté una canción de una tal Tania que estaba sonando mucho en la radio, mientras mi papá me acompañaba con su cuatro, al final pasé la prueba, y él me dijo: sí, es verdad que sabes cantar. A partir de ese momento, mi hermana y yo nos sumamos como equipo a nuestro padre; cantábamos mientras  él nos acompañaba con el cuatro o la guitarra por turnos o a duo.

MÚSICA

Pero volviendo a mi primer contacto con una clase formal de música; el día que la maestra nos llevó a toda la clase para cantar bien los himnos patrios; el profesor comenzó por una introducción sobre la música, recuerdo literalmente las siguientes palabras: estas son las 7 notas musicales: do, re, mi, fa. sol, la, si. De la combinación de estas 7 notas sale toda la música del mundo; y el corazón me dio un vuelco en el pecho. Yo sentí en ese momento que esa información era parte de mí., ¿Memoria remota, quizás?

Pasaron años para decidir seguir la voz de mi corazón, de todas maneras antes, por innumerables circunstancias, habría sido imposible. Pero a mis 21 años, cuando había ya desertado de mis dos primeros intentos de seguir estudios universitarios; me apunté en una universidad de reciente apertura en mi ciudad natal, en la que había una carrera en música, sin hacer ninguna reflexión de si en el futuro iba a poder vivir de eso, simplemente me lancé, y la hice de principio a fin.

Lo bueno fue que al finalizar mis estudios, sí pude vivir de ello, o por lo menos sostenerme. Lo no tan bueno, fue que la única salida laboral que obtuve fue dar clases en colegios y liceos o institutos, y mejor que esto formar y dirigir las corales de algunos centros de estudios; esto me gustaba mucho más que dar clases.

No es que no tuviese vocación docente, es que tenía demasiado de eso y siempre andaba reñida con el sistema de enseñanza y sus moldes encorsetados de llevar la clase de música. No soportaba aquello de dirigir siempre el objetivo de las clases hacia montar el show para alguna celebración, y también la poca libertad para elegir mis métodos de enseñanza, los cuales siempre se salían de lo convencional.

Elegí estudiar música porque quería componer música, pero cuando observaba la música que la gente suele consumir, con sus temáticas románticas, lloronas, de dolor, despecho, o estúpidas; llegué a la conclusión de que yo jamás iba a complacer la demanda del mercado, que si tenía que hacer canciones de ese tipo, prefería buscarme otro medio de vida, porque con la educación en escuelas e institutos, tampoco pude.

En fin… Que la voz del corazón no puedes ahogarla, ni ignorarla, porque tarde o temprano te pasará factura, y no quiero que eso me pase, no pienso en los años que ya tengo, ni en la aceptación o no de las canciones que estoy componiendo, ni de si sus letras serán entendidas, ni de si ganaré dinero con esto. Ni me comparo ni compito con nadie…

Pienso y siento que un corazón canalizado, porque es la voz de nuestro Ser Interior, nuestro Ser de Luz, como quiera que se le nombre a esto, que no es nuestra personalidad o alguna sub personalidad de las múltiples con las cuales nos proyectamos en el mundo; su vibración vale más que cualquier recompensa material, si con mis letras, que son mis poemas, emito a la atmósfera planetaria una vibración elevada; ya me vale.

¿Qué quisiera comprar mis alubias y pagar mis recibos producto de este trabajo? Pues sí, pero no voy a frenarme por el miedo o la incertidumbre de lo que recibiré o no a cambio. Sigo la voz de mi corazón y confío en ello.

Llevo una larga temporada tomándome en serio este trabajo, y he tenido que actualizar mis estudios, abordando contenidos de mastering y edición musical, de momento soy una estudiante que va haciendo cosas, porque de esta manera me cuesta tiempo y no dinero. Podéis con toda libertad opinar sobre lo que vaya publicando, siempre y cuando no sean insultos, porque eso de disfrazar críticas constructivas con faltas de respeto, no doy de eso a nadie ni tampoco tolero.


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